En toda la pintura el agua está presentada como el elemento origen, sustento y alegría de la vida. El mural es impresionante: es una caverna pintada por todos sus lados; así, cuando el espectador se acerca, pareciera encontrarse inmerso en un mundo de fantasía. Al centro del mural, sobre el acueducto, están las manos de un hombre en cuyas palmas se guarda y derrama el preciado líquido; luego, saliendo de la boca del túnel, pintado sobre el suelo, se pueden apreciar desde algas marinas y plantas subacuáticas hasta diversos tipos de protozoarios y moluscos, es decir, que en el mural quedan claramente ilustrados los primeros peldaños en la escala de la vida que poco a poco van madurando para convertirse, al subir por la pared, en moluscos, reptiles, anfibios, peces, etc. Es interesante hacer notar que Diego Rivera no hace a un lado la marca de su origen y principios nacionalistas al pintar la figura de un ajolote, especie anfibia única del suelo mexicano.
Sobre el muro meridional se aprecia una escena en la que el agua aparece como un elemento para la higiene y recreación del ser humano. Aquí Ruth, la hija del pintor, aparece como protagonista.
Pero la importancia del Cárcamo de Chapultepec no sólo se distingue por su ingeniería calificada, sino, más que nada, por su decoración (escultura y mural), delegada a las manos del gran muralista mexicano Diego Rivera.
Aunque no se podría decir que esta es la obra maestra de Diego Rivera, si es excepcional no sólo por la temática que aborda, sino porque el lugar le sirve para plasmar su sensibilidad e ideas utilizando técnicas únicas y aventuradas. Se trataba de pintar un mural que sería inundado por las aguas del río Lerma convirtiéndose en una pintura subacuática, lo que no se vio como una idea descabellada ya que se creía que el trabajo hecho sobre poliestireno y hule líquido podría ser resistente al agua.
De ahí el ambicioso proyecto mural de Diego que sería, de sus trabajos, el más cercano a lo vivo, ya que al quedar la pintura bajo las aguas se daría un efecto pictórico en movimiento producido por la vibración y refracción del agua, un efecto que además invita al espectador a “vivir” su interpretación.
El mural fue titulado: “El agua como origen de la vida”, o “El agua en la evolución de la especie”, porque en éste Diego se remitió a los seres vivos de estructura más simple, es decir, los que la ciencia reconoce como principio de la evolución de las especies de la Tierra.
Unico en el mundo, muestra a sus pies una majestuosa escultura de piedra volcánica, tezontle y mosaico que representa a Tláloc —dios de la lluvia de la cultura mexica—. Sobre su mano izquierda sostiene dos mazorcas de maíz y en la derecha granos de esa leguminosa que caen en el espejo de agua de la fuente, simbolizando desde la cultura prehispánica “El agua como origen de la vida”. El rostro de Totopámitl, su mujer, lo acompaña dando cara a la entrada del edificio que guarda un mural fuera de serie.
El cárcamo del parque de Chapultepec —el pulmón de la Ciudad de México— fue pensado para el abastecimiento de agua de su población a través de cuatro cisternas de almacenamiento, cuatro acueductos, cuatro compuertas y 14,800 litros de agua por segundo; es decir, 432 litros diarios por persona, pensados para los entonces tres millones de habitantes de la Ciudad de México —este proyecto fue concluido en 1951 e inaugurado el 4 de septiembre del mismo año.
Pero la importancia del Cárcamo de Chapultepec no sólo se distingue por su ingeniería calificada, sino, más que nada, por su decoración (escultura y mural), delegada a las manos del gran muralista mexicano Diego Rivera.
Originalmente fue construido como símbolo y realidad del control normando sobre Irlanda, y ha continuado simbolizando las fortunas de las poderosas familias inglesas que han gobernado a Irlanda por siglos.
La familia Butler fue notable, y leal a la corona. Esta lealtad determinó sus fortunas y carrera. Cuando los Butler prosperaron también lo hizo la grandeza de su hogar, el castillo Kilkenny, y cuando cayeron en desgracia, el castillo terminó arruinado. En esencia, la historia de Irlanda y de los Butler es también la historia del castillo Kilkenny.
El castillo representa la historia de una sociedad y una forma de vida que ya no existen… de reyes y caballeros… arrogantes y puritanos… lores y damas… magníficos salones para banquetes y suntuosos cuartos adecuados para un rey.
Ha existido un castillo en el pueblo de Kilkenny desde 1172, cuando el rey normando Ricardo de Clare, también llamado Strongbow (“Arco Fuerte”), construyó una torre de madera en esta elevación rocosa que mira el río Nore.
Irlanda es un país de una mágica campiña dotada de una suave y resplandeciente belleza salpicada de vi-irosos pueblos, animados con el encanto y la ingenuidad de su amistosa población con más de 9,000 años de historia. Esta historia está oscurecida por la neblina de iglesias de piedra, redondas torres, abadías y, sobre todo, sus tradicionales castillos. Uno de los más interesantes e históricos es el legendario castillo Kilkenny. Localizado en el corazón de la histórica y pintoresca ciudad de Kilkenny, el castillo se levanta en un bello sitio a lo largo de los bancos.del río Nore. El castillo está repleto de historia y herencia medieval bien conservada. Fundado en 1172, fue propiedad de la familia liutler. condes y duques de Ormonde, que vivieron en él durante 550 años.
Sydney es también, desde enero de 1992 —fecha en la cual las tijeras de George Bush en persona cortan el listón inaugural—, sede de un soberbio museo de la Marina que condensa, en el mismo lugar, la historia marítima de este pueblo multifacético. Este museo, resueltamente modernista en su factura, enfrenta, del otro lado de Darling Harbour, al acuario de Sydney, el punto de paso obligatorio de los turistas en escala-, la iniciativa aspira a poner a la disposición del público un museo local, y al mismo tiempo continental: era necesario representar en un mismo lugar la fauna y la flora ele la cuenca de los ríos Murray y Darling (esencialmente en el estado de Nueva Gales del Sur), pero también las de la Gran Barrera de Coral y del resto de Australia, apuesta ambiciosa que ha sido vencida con mucho brío por los responsables científicos del acuario.
El “Sydney Aquarium” es hoy, indiscutiblemente, el mejor medio de efectuar (en seco) su primera inmersión en Australia: los cocodrilos de agua salada, los peces del extremo norte del país, los de las costas rocosas, los del océano y del “gran azul”; finalmente las tortugas completan admirablemente el vistazo a la red Murray-Darling, y en la Gran Barrera de Coral. A esta cita con el mar, espectáculo permanente y homenaje vibrante de Sydney al océano que la rodea, sería verdaderamente una lástima que usted no responda ¡presente! en ocasión de una lejana escala en la ciudad más grande del “continente azul”, el Pacífico Sur…
Este pequeño preámbulo histórico voluntariamente incompleto no tiene por objetivo más que poner en evidencia los lazos históricos que unen a los australianos de hoy con el mar. Todos han llegado, a través de sus ancestros, por barco, y si la historia moderna de los australianos no tiene más que 200 años, está totalmente impregnada de esta mirada hacia la línea azul del Pacífico. Y si son australianos, más que otros, quienes conviven en forma directa con el elemento marino, son realmente los 3,4 millones de habitantes de Sydney los que se apasionan por todo lo que flota o todo lo que se mueve bajo el agua.
Testigo es el enredo de barcos y de veleros en el puerto de Sydney cada fin de semana. Testigo es esa admiración exagerada del público australiano por los barcos antiguos, de los cuales el más célebre es el Bounty. Su réplica, reconstruida en 1979 por la suma de 5 millones dólares, es copia de la que fue escenario del más célebre motín de la historia, e! que Hollywood ha llevado a la pantalla en tres ocasiones. Ella pasea hoy sus 42 metros cada día con un lote de turistas a bordo… paseo en el tiempo, en compañía de Fletcher Christian y del capitán Bligh.
Qué otro país en el inundo más que Australia puede enorgullecerse de este récord?: 36,835 km de costas. La isla continente, antípoda de Francia y más vasta que Europa es, para muchos de nosotros, un hoyo blanco sobre el mapamundi; recuerde el fin de año escolar, mientras que durante todo el año estudiábamos a los listados Unidos y a Rusia, quedaba siempre un mes para conocer en geografía a los países verdaderamente bellos y exóticos, como Brasil o Australia.
Esta Australia desconocida que, sin embargo, los buzos comienzan a conocer mejor poco a poco, ¡y con razón!, posee una Gran Barrera de Coral, la finca submarina más fantástica del planeta, espacio frágil e inmenso que hoy está poco más o menos protegido de los contaminantes y otros hormigones.
El Pacífico Sur, en general, se afirma cada vez más como un destino imprescindible para los que quieren conocer los lugares más bellos del mundo.
Unos 15 kilómetros al norte del castillo, y formando parte del mismo parque nacional, está un un pequeño lago llamado
también Montezuma Well que fue utilizado por los indios como origen de un sistema de irrigación para sus cultivos, del que aún quedan restos, así como edificaciones similares aunque de mucho menor tamaño que el castillo en los pequeños acantilados que rodean el lago.
De vuelta a la ruta 17 norte, y a pocos kilómetros, podrán verse las indicaciones de la salida que marca la ruta 179, que nos conducirá hacia Sedona.
La carretera que llega a Sedona transcurre a lo largo del interior de cañones formados por el río Oak, cuyas rocas son de un rojo intenso. Monolitos, gargantas y otros paisajes de gran belleza y contrastes de colorido serán el panorama que nos llevará hasta Sedona, pueblo que hoy alberga a una gran colonia de artistas, especialmente de la cerámica.
En conclusión, esta ruta alternativa desde Phoenix al Gran Cañón, pasando por el Castillo y el Lago de Montezuma, el valle de las Rocas Rojas, Sedona y el Oak Greek Canyon, es mucho más atractiva que si se sigue la autopista que nos llevaría directamente desde Phoenix a Flagstaff. Tomará más tiempo, pero realmente vale la pena.
La ruta número 17, que lleva desde la ciudad de Phoenix, en Arizona, hasta el Gran Cañon del Colorado, puede resultar aburrida a menos que decida desviarse de ella en un par de lugares para visitar varios lugares de gran interés.
Entre Phoenix y Flags-taff, a unos 100 kilómetros al norte de aquélla, podrá verse una desviación marcada con el número 289, que conduce al llamado Castillo de Montezuma.
El castillo es un asentamiento construido en la roca por los indios sinagua alrededor del año 1200, y en el que vivían unas cincuenta personas en veinte habitaciones distribuidas en cinco pisos.
La edificación está en la pared de un acantilado, a unos 30 metros de su base, dando no sólo protección contra posibles enemigos, sino también contra la lluvia y la nieve en invierno y el sol del verano.
La visita a este castillo puede realizarse hasta su base, aunque no se permite pasar al interior que sólo es accesible mediante rampas y escaleras que los indios construían al efecto.










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