Domingo, agosto 22nd, 2010 | Author:

Un hombre nos ofreció con entusiasmo el producto estrella de la playa: el coco loco, lo llamaba, una mezcla de ron y agua de coco con algunos condimentos. El cóctel, aseguraba, tenía propiedades afrodisíacas.
Después del pescado con arroz nos dimos una tregua sin cámaras, nos bañamos, caminamos por la orilla blanca y nos rendimos a la oferta comprando algunos collares de piedras de colores que a Eva le quedaban muy bien. Suspiramos antes de afrontar el camino de vuelta.
Al día siguiente, después de despedirnos de nuestro amigo Nico, nos dirigimos hacia el noroeste. Media hora más tarde nos detuvimos junto al volcán Totumo, que más que un volcán parecía una broma. El cono no tenía más de diez metros de alto, pero decenas de personas subían una escalerita de madera hasta el cráter. Yo les seguí.

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