Jueves, febrero 03rd, 2011 | Author:

En estas latitudes, los peces se han acostumbrado a la presencia humana y los peces ángel se acercan juguetones. El guía se introduce en un laberinto de cuevas y cavernas donde se esconden hermosos peces loro. El muro proporciona un sentimiento de profundidad oceánica, bajo los pies se abre un mundo de aguas oscuras donde no llega la luz y habitan especies acostumbradas a la penumbra, como los peces ardilla, los soldado, las langostas, pulpos, rayas y algún que otro tiburón nodriza.
Ya más relajada, comienzo a disfrutar del paisaje que me rodea: las grandes ramas de coral cuerno de alce dan refugio a multitud de peces. Trato, a pesar de la fuerte corriente, de no lastimar con mis aletas este mundo frágil lleno de vida. Me detengo a observar las esponjas que crecen de las más variadas formas: parecen tubos, candelabros, cálices y barriles de colores chillones. Me sigue un diminuto pez ángel gris que atrapa las burbujas que dejo a mi paso.
En estos bosques calcáreos llenos de luz y color hay peces cirujanos, loros, roncadores y muchos peces ángel. En medio del éxtasis aparece una enorme barracuda de afilados dientes que se dirige directamente a mí atraída por algún brillo de mi equipo. Una vez saciada su curiosidad desaparece, dejándome asustada. Las morenas y las barracudas, pese a su mala reputación y aspecto feroz, se muestran muy confiadas con nosotros.
De nuevo en la embarcación, los buceadores comentan entusiasmados los pormenores del buceo mientras regresamos al muelle de Cozumel.
Impaciente espero a que llegue mañana, porque esta isla verde y paradisíaca esconde miles de tesoros en el fondo del mar y yo volveré a sumergirme para descubrirlos.

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