Miércoles, enero 16th, 2013 | Author:

Después de San José, creímos que ni Te-mozón, ni Santa Rosa (Uayamón, cerca de Campeche, estaba fuera de nuestra ruta) iban a gustarnos tanto. Y en efecto la grandeza de Temozón nos desconcertó al prin-cipio. Pero a las tres horas, ya estábamos rendidas a sus pies. Una comida en el restaurante que mira a la gran alberca es suficiente para conquistar a cualquiera. Su carácter de hacienda de ley, a todo trapo, pero sin exageración alguna; las vías del truck que todavía surcan sus campos y sus dos cenotes, nos demostraron que ofrece un tipo de vida que merece ser vivida.
A Santa Rosa fuimos a almorzar y ese rato alcanzó para percibir un esrilo más campestre, menos ostentoso pero más acogedor. De ahí fuimos a las ruinas de Uxmal, que nos sorprendieron por sus decoraciones, su distribución y el color ocre de sus templos.
El final no hace falta que lo cuente. Volvimos bronceadísimas para seguir dando envidia. De salir de noche, ni hablar. Pero esa es otra historia.

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