Lunes, enero 14th, 2013 | Author:

A San José, la primera de las tres haciendas que visitamos, llegamos de noche. En la penumbra adivinamos el camino de palmeras, la galería iluminada con velitas, la capilla. Nos guiaron hasta el cuarto, dejaron las maletas, cerramos la puerta y no pudimos evitarlo: “¿Qué hago con vos'” nos dijimos con los años que la amistad permite, sin ofendemos por la honestidad del comentario. No hay forma de disimular que San José es para ir de luna de miel, enamorado, reconciliado, de bodas de diamante, oro, platino, pero en pareja. Los colores, las dimensiones amplísimas, las flores sobre la cama, las frutas… San José nos conquistó por su clima íntimo, y lo disfrutamos sublimando con las cabalgatas, las fotos de las casitas mayas departamentos ideales para mieleros, con cama con tules y jacuzzis exteriores y del comedor que siempre está vestido, así haya uno o veinte huéspedes.

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