Miércoles, agosto 21st, 2013 | Author:

La realidad era que Boabdil no tenía la fuerza ni el poder para hacer que su palabra se cumpliera. Optó, pues, por encerrarse en La Alhambra mientras la población, enfurecida, lo acusaba de su desgracia, dividiéndose entre los que querían entregar la ciudad y los que querían defenderla. Boabdil, en su respuesta a Fernando, pidió tiempo para recuperar la confianza de sus subditos y llegar a un nuevo acuerdo. En aquel momento, le era imposible hacer compromiso alguno.

¿Quién rompió las hostilidades? No se sabe a ciencia cierta. Quizás ocurriera que, entre los dibujos de la yesería del Salón de los Embajadores de La Alhambra se perdiera la confianza de una y otra parte. Lo cierto es que los oficiales de los Reyes Católicos vieron un día, sorprendidos, cómo Boabdil atacaba y recuperaba a Padul, poniendo sitio a Loja y a otras ciudades; y que, al frente de las tropas moras iba Muza ben-Abil-Cuzan, un militar de linaje que había condenado la política de apaciguamiento de Boabdil, y cuyo grito de guerra —”¡Si el rey cristiano quiere nuestras armas, que venga a buscarlas!”— enardeció a los granadinos. La respuesta al rey Fernando fue una declaración de guerra: “Preferimos cualquier cosa, incluso la muerte, antes que entregar Granada”.

Categoría: España turistica
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