Domingo, agosto 25th, 2013 | Author:

Al rey granadino le faltaba por cubrir lo más duro de la jornada: la despedida. En La Alhambra se hacía el equipaje y los tesoros reales se cargaban en muías mientras los muros recogían las lágrimas y los lamentos de sus moradores. Antes del amanecer partió Boabdil con la sultana Ayxa la Horra, su madre, y con Zorayma, su esposa. La ciudad dormía todavía cuando la cabalgata del monarca vencido recorrió sus calles rumbo al exilio. Muy amarga debió ser esta despedida, pues se han generalizado muchas leyendas y anécdotas sobre el último adiós de Boabdil a Granada. Una de las más conocidas aparece inclusive en las historias más serias, mientras que otros autores aseguran que la misma es apócrifa. Según ella, al llegar a la última colina, desde la cual se ve toda la ciudad, Boabdil se detuvo y, al querer decir unas palabras, un sollozo las ahogó en su pecho. La sultana Ayxa, que había mantenido la compostura hasta ese momento, recriminó a su hijo: “No llores como mujer lo que no has sabido defender como hombre”. De ahí el nombre que hoy lleva este mirador de Granada: El último suspiro del moro.

Granada no recobró la calma con los Reyes Católicos. Muchas de las promesas hechas por éstos al recibir su rendición no llegaron a cumplirse, por lo que hubo alzamientos de grupos árabes en la región montañosa de Las Alpujarras, en las afueras de la ciudad. Los moriscos (como se llamó a los musulmanes que se quedaron en España después de completarse la Reconquista) fueron perseguidos y expulsados de Granada más tarde, lo cual, al mismo tiempo que creaba malestar, fue privando a Granada de artesanos capaces y dañando a una economía que ya estaba afectada por la guerra.

Categoría: España turistica
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