Miércoles, septiembre 04th, 2013 | Author:

Hace mil años, cuando todavía allí gobernaban los reyes, el lugar no se llamaba Cheju, sino Tamma. Elevándose como una isla volcánica en el océano, a 50 Km del extremo meridional de la península coreana, Tamma se encontraba en la periferia de la conciencia y de la política asiáticas.
Aun después de conquistada y absorbida por Koryo (reino que la dinastía Wang estableció en Corea del 935 al 1392 y queque dio origen al nombre con que el país es conocido en Occidente*), perduró su carácter de sitio remoto, aprovechado por los reyes de Koryo como lugar de exilio para los indeseables, y por los ejércitos conquistadores que trataban de llegar al continente como escala obligada desde el Japón, cuyas costas están 125 Km hacia el este. Y, todavía hoy, la isla de Cheju no sólo está considerada como un distrito lejano, sino como un lugar donde aún prevalecen lo primitivo y la incultura.

Cheju-do es como hoy llaman a la isla —incorporada a Corea del Sur y ostentando el rango administrativo de provincia desde 1946— en la península coreana, a la vez que señalan hacia un lugar indeterminado en el horizonte. “Es el distrito isleño que se encuentra por allá”, dicen vagamente los coreanos de tierra firme, expresando más bien una indicación de lugar que un apelativo topográfico.
El tiempo y las circunstancias, alternativamente, se encargaron de ir dibujando el perfil de Cheju. En 1273, por ejemplo, las Tropas Selectas, un segmento del ejército de Koryo, de estilo guerrillero, se retiró a una fortaleza construida en Cheju, a fin de continuar desde allí la resistencia contra la invasión de los mongoles. Nueve meses les tomó a éstos derrotar a las Tropas Selectas y poder controlar la isla, en la que se quedaron durante un período de 100 años, imponiendo a sus pobladores rigurosos tributos en forma de productos agrícolas; pastos para las manadas de ponies mongoles de pelo largo (cuyos descendientes todavía se ven en las tierras altas de la isla), y madera para la construcción de los barcos que necesitarían para su proyectada invasión al Japón.

Fue una época de agria dominación que todavía es recordada con amargura, y su influencia puede palparse en el único dialecto de la isla, en su tradición ganadera, en la vigencia del budismo y, hasta una época reciente, en la vestimenta de cueros y pieles de los campesinos, que ya está prácticamente abandonada.

Categoría: lugares turisticos
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