Gracias a las crónicas que el barón de Humbolt escribió en los albores de siglo XIX sobre los tesoros de Hidalgo, el segundo Conde de Regla vende minas a los ingleses y estos las explotan durante 24 años. La región se vio beneficiada con la tecnología europea que incrementó la producción de plata hasta los años cuarenta. Además de dedicarse a la minería, los ingleses practicarón el fútbol. Es así como en Pachuca se construye un estadio donde se lleva a cabo el primer partido oficial entre dos equipos en 1901. Otros deportes como el golf, el criquet y el tenis también se conocieron en Hidalgo, donde eran jugados por los sajones.
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La minería dejó huellas de su esplendor en Pachuca. Visita Real del Monte v descubre un tesoro del pasado que conserva su apariencia del siglo XIX. El hombre más rico de la región en aquellos tiempos fue el Conde de Regla, famoso por regalar barcos de caoba al rey de España y que era dueño de las minas y constructor de las hermosas Haciendas de San Miguel Regla, Santa María Regla y San Antonio Regla, en cuyas bóvedas y túneles aún se conservan recuerdos de la intensa explotación de la plata. Hoy todavía algunas minas pequeñas siguen dando frutos, las demás se conservan para visitas turísticas y museos, como el de Historia Regional, el de Fotografía, el de Minería y Mineralogía, donde puedes ver cómo se trabaja en las entrañas de la tierra, y el musco Interactivo El Rehilete, en el que tendrás un acercamiento con la ciencia y la tecnología modernas en forma divertida.
Desde la pirámide se observa el Monasterio de San Agustín, construcción estilo plateresco austero, edificada en 1537 por los frailes agustinos: Sebastián de Tblentino y Nicolás de Pérez. Resulta interesante saber que este edificio albergó sólo a tres frailes durante mucho tiempo, quienes en 1540 lograron que los indios recibieran la enseñanza católica al construir el monasterio con seis arcos que dan entrada al patio central. Los indígenas estaban acostumbrados a no entrar a los templos de sus dioses, pues únicamente los sacerdotes eran dignos de hacerlo. Los frailes predicaban junto a las arcadas y los nativos escuchaban fuera. Hoy, en los arcos se aprecian los cuatro escudos característicos de la época y la región: Malinali, Agustino, Mariano y Constantino.
Hidalgo balnearios: sin embargo, boy se aprecia un templo monolítico para adorar al Sol con una escalinata y vestigios de esculturas de águilas y tigres. En la puerta verás una serpiente bífida, símbolo de que el guerrero era devorado por la sabiduría al entrar al templo entonces el soldado ya pertenecía al selecto mundo de los caballeros águila y tigre. El templo está en un área de 300 metros cuadrados y se dice que los sacerdotes aztecas sólo ascendían en ceremonias solemnes al compás del huehuetl y del teponaxtle.
Popularmente, a este lugar se le llama ceno de los ídolos y también se le conoce como Cuatenchan o ‘Morada de las Águilas’. Anímate a subir a la pirámide, no importa que la veas alejada e incrustada en la montaña, pues el ejercicio vale la pena; además, la vista del valle y el aire fresco y silencioso te transportarán a edades precortesianas. Y si al día siguiente sientes que te mueres por el dolor de piernas, entonces comprenderás por qué para los caballeros prehispánicos era un honor llegar a morir a este lugar maravilloso y mágico.
Pachuca, la capital del estado de Hidalgo, está a menos de una hora de la ciudad de México. Una vez que estés frente a su monumental reloj del centro, se te antojará tomar camino a Tula y sus conventos su majestuoso pasado, para después continuar en sus parques nacionales, balnearios y haciendas y su turismo, bajo un cielo claro, aire puro y gente de buen corazón.
Estado de Tlaxcala: se ubica a 115 kilómetros de la ciudad de México. En automóvil hay que ir por la autopista de cuota 150 México-Puebla, desviándose en la caseta de cobro de San Martín Texmelucan, para tomar la autopista 117, que te lleva a la ciudad de Tlaxcala. En la Terminal de Autobuses de Oriente (TAPO), las líneas ATAH y Autotransportes México-Texcoco-Calpulalpan ofrecen salidas cada 20 minutos en servicio de primera y directo a Tlaxcala.
Rosete Aranda: sólo en esta tierra podrás presenciar una función de títeres de la famosa compañía de los hermanos Rósete Aranda, en el Museo Nacional del Títere en Huamantla. No necesitas ser un niño para disfrutar de un espectáculo lleno de gracia y habilidad que data de tiempos prehispánicos. En este recinto te sorprenderá ver muñecos de barro, con brazos y piernas articulados, de entre 800 y 900 años antes de Cristo, rescatados de la zona de Xochitécad. La Compañía de Autómatas Hermanos Rósete Aráñela surge en la ciudad de Huamantla en 1835.
Dicha agrupación trabajé) durante tres generaciones llegando a elaborar más de cinco mil marionetas. Aquí es donde se organiza el Festival Internacional de Títeres más antiguo de México. La colección que hoy funciona consta de 70 muñecos y algunos datan de 1835, como el Vale Coyote, el pilluelo Dinamita, Doña Pascarroncita, el Señor Orins y el Señor Bell. Los días de visita y (unción son de martes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00, y domingos de 10:00 a 15:00, con tarifas simbólicas. Historias breves con música y picardía hacen reír a niños y a grandes.
No puedes irte sin comprar un recuerdo de esta maravillosa y hospitalaria tierra mexicana. Tlaxcala es famosa por sus textiles hechos en Santa Ana Chiautempan, que quiere decir ‘A la orilla de la ciénaga’. En este lugar se rendía culto a la diosa Toci, identificada como la abuela de los dioses. Desde entonces, los textiles son realizados principalmente por las mujeres indígenas, con vivos colores y diseños originales hechos en telares de cintura. Hoy en día se sigue usando este estilo artesanal para tejer ceñidores, una especie de corpino y faja, componente del traje tlaxcalteca. También hay loza de Calavera, piezas de émix pulido, tallas de madera, los mágicos alebrijes, máscaras para carnaval, campanas de Ocotoxco, barro bruñido, cantera labrada y los petates de Nopalucan, entre mil cosas más. Lo mejor es que te puedes llevar un lindo recuerdo por unos cuantos pesos.
Hotel Posada San Francisco, ubicado en la Casa de Piedra, mansión del siglo XIX, restaurada respetando la arquitectura original. Vale la pena tomarse un descanso en este salón, admirando el techo de cristal que cobija lo que fue el patio de la casona.
Y como el recorrido ha sido muy provechoso, deberás hacer un alto antes de seguir admirando tanta belleza y deleitar el paladar. No te puedes perder los tlacoyos de cuitlaeoche (una tortilla de maíz rellena de un hongo extraído de la mazorca de maíz), que es un platillo internacionalmente codiciado. Si eres valiente y amante de la aventura, atrévete a comer un taco de gusanos de maguey o escamóles. Para tu tranquilidad, estos animalitos ya están bien fritos y saben deliciosos bañados en una salsa verde picosa al gusto. Si te gustan las sopas, no puedes dejar de probar la tlaxcalteca con flor de calabaza y queso.
Ya como plato fuerte pide unos mixiotes de carnero, huauzontles o el tradicional mole de fiesta. Como postre, tienes una gran variedad para elegir: muéganos, huaman tuecos, pan de fiesta, alegrías de amaranto, requesón de miel y buñuelos también bañados con miel de piloncillo. La experiencia es total si te atreves a probar el pulque, o ‘curado verde’, bebida tradicional de Tlaxcala a base de aguamiel (líquido sacado del maguey). Si tu estómago es más delicado, en cualquier restaurante encuentras comida internacional, pero ojalá que no pases por alto algún platillo regional, no te arrepentirás.










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