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Viernes, febrero 01st, 2013 | Author:

Unos 15 kilómetros al norte del castillo, y formando parte del mismo parque nacional, está un un pequeño lago llamado
también Montezuma Well que fue utilizado por los indios como origen de un sistema de irrigación para sus cultivos, del que aún quedan restos, así como edificaciones similares aunque de mucho menor tamaño que el castillo en los pequeños acantilados que rodean el lago.
De vuelta a la ruta 17 norte, y a pocos kilómetros, podrán verse las indicaciones de la salida que marca la ruta 179, que nos conducirá hacia Sedona.

La carretera que llega a Sedona transcurre a lo largo del interior de cañones formados por el río Oak, cuyas rocas son de un rojo intenso. Monolitos, gargantas y otros paisajes de gran belleza y contrastes de colorido serán el panorama que nos llevará hasta Sedona, pueblo que hoy alberga a una gran colonia de artistas, especialmente de la cerámica.
En conclusión, esta ruta alternativa desde Phoenix al Gran Cañón, pasando por el Castillo y el Lago de Montezuma, el valle de las Rocas Rojas, Sedona y el Oak Greek Canyon, es mucho más atractiva que si se sigue la autopista que nos llevaría directamente desde Phoenix a Flagstaff. Tomará más tiempo, pero realmente vale la pena.

Miércoles, enero 30th, 2013 | Author:

La ruta número 17, que lleva desde la ciudad de Phoenix, en Arizona, hasta el Gran Cañon del Colorado, puede resultar aburrida a menos que decida desviarse de ella en un par de lugares para visitar varios lugares de gran interés.
Entre Phoenix y Flags-taff, a unos 100 kilómetros al norte de aquélla, podrá verse una desviación marcada con el número 289, que conduce al llamado Castillo de Montezuma.
El castillo es un asentamiento construido en la roca por los indios sinagua alrededor del año 1200, y en el que vivían unas cincuenta personas en veinte habitaciones distribuidas en cinco pisos.
La edificación está en la pared de un acantilado, a unos 30 metros de su base, dando no sólo protección contra posibles enemigos, sino también contra la lluvia y la nieve en invierno y el sol del verano.
La visita a este castillo puede realizarse hasta su base, aunque no se permite pasar al interior que sólo es accesible mediante rampas y escaleras que los indios construían al efecto.

Sábado, octubre 27th, 2012 | Author:

Yo pienso que el artista que sólo crea pensando en el público deja de ser artista para convertirse en artesano. El verdadero artista está en un nivel superior al del artesano, porque el diálogo del arte se produce en un plano mucho más elevado que el de la artesanía. Es un intercambio mucho más sutil entre el artista y el público. Normalmente, cuando uno compra un sillón, no le interesa quién lo hizo. En cambio, si compra un cuadro o una estatua, la identidad del autor será un factor importante, si es que no decisivo. Por eso, el artista tiene una influencia mucho mayor que el artesano.
Cuando un artista termina una obra, si le parece que no tiene méritos artísticos, sencillamente la rompe y no le queda nada por dentro. Ahora bien, si la conserva porque cree que al público sí le va a gustar, deja de ser artista para bajar al nivel del artesano; o tal vez inclusive por debajo del artesano, porque hay artesanos muy perfeccionistas y conscientes que no ponen en el mercado aquéllas de sus obras que consideran pobres o mediocres. Así era el famoso Stradiva-rius de los víolines. Pero decir que era un artista sería una exageración; era un artesano… un artesano de mucha calidad.
También hay que tener presente que una de las características fundamentales del arte es la conciencia del propósito de hacer arte. El mar da a ciertas ramas de árboles que caen en él formas caprichosas y muy bonitas; pero eso no las califica como obras de arte, porque el mar no puede haber tenido un propósito artístico. Pues bien, ese propósito es lo único que se puede preconcebir en detalle cuando de arte se trata.

Jueves, octubre 25th, 2012 | Author:

Mucha gente interesada en el arte se pregunta qué factor es el que determina que una escultura o una pintura sea buena o mala… ¿Es la aceptación del público? En realidad, es más difícil calificar una obra de arte de mala que de buena, porque mucho depende de lo que el artista se proponía. Si uno quiere sacar una fotografía fuera de foco, eso es lo que quería, y lo logró.
Pero también es indiscutible que dos personas entendidas en arte podrán discrepar en detalles, pero si se detienen a mirar una escultura, ninguno de los dos dirá que es mala si intuitivamente se ve que es valiosa. Es verdad que la apreciación del arte es esencialmente subjetiva; pero también hay una intuición innata respecto de lo que es objetivamente bueno o malo. Yo creo que se puede discrepar, pero hay cosas en las que todos los que están en su sano juicio y tienen percepciones normales tienen que estar de acuerdo.
Al crear expresiones artísticas, yo lo hago tanto para mí como para el público. Hay una ley económica inexorable que es la de la oferta y la demanda y, en cierta forma, se aplica a la calidad de los artistas. Si uno tiene demanda, es porque es bueno y gusta: ¡ha logrado los elementos que complacen a la mayoría! Si no la tiene, quiere decir que uno no es bueno o que está por descubrir (aunque a veces ocurre también que un artista bueno no llega a sobresalir). Hay una realidad indiscutible, y es que el artista, a través de su arte, influye sobre los demás. Por eso, cuando se expresa, no lo hace para complacer. Pero no cabe duda de que la reacción del público también llega a tener cierta influencia sobre él.

Martes, octubre 23rd, 2012 | Author:

Todas las técnicas y medios artísticos me gustan por igual. Para mí no hay diferencia entre escultura, pintura y grabado en madera, y no tengo predilección por ninguna de estas formas. Todo depende de la idea que se tenga en un momento determinado. Ella es la que resulta decisiva, y si se realiza en una técnica distinta de aquélla para la que fue concebida, se está falsificando la forma natural de expresarla. La mente humana no produce óleos ni esculturas, sino ideas. Esas ideas uno las canaliza con la técnica, y las realiza. A mi modo de ver, la técnica es crucial, pero sólo en relación con la idea. Hay ideas que se interpretan mejor con un alambrito de plata, por ejemplo. Para otras, la forma de expresión más adecuada puede ser una concretera, una excavadora mecánica, o una fragua y fuego. Pero, por sí misma, como fin, la técnica no es nada, y hay que dominarla para no convertirse en su esclavo. A mí me interesa canalizar la idea por el camino adecuado, y punto. Por ejemplo, un pianista que se vanaglorie de ser muy bueno porque es capaz de hacer que el piano suene como si fuera un vio-lín, no es un verdadero pianista. El mejor pianista será el que mejor haga sonar al piano ¡como piano!

Domingo, octubre 21st, 2012 | Author:

En mis pocos ratos libres, me gusta ir a tirar. Para mí, en el tiro hay algo místico, espiritual y misterioso. El sentido de la puntería es una aptitud que tiene similitudes con el arte, que se desarrolla y se cultiva, y cuando uno lo hace con éxito, produce una satisfacción muy parecida.
Me empecé a interesar en el tiro cuando un amigo me invitó a tirar, hace como diez años. El primer año tiré seguido… me presenté a todas las competencias posibles, y fui mejorando. Primero llegué a marksman, después a sharpshooter, después a experto, hasta que logré el grado de master… son los grados de destreza que se pueden alcanzar de acuerdo con las reglas de Asociación Nacional de Rifle de los Estados Unidos. No obstante, el exceso de trabajo me obligó a dejar de practicar regularmente con la pistola. Aquí, en Puerto Rico, empecé a competir y organicé un club pequeño, pero muy bueno. Pasamos un año ganando competencias: todas las semanas obteníamos un trofeo, hasta que empezó el trabajo fuerte. Me acuerdo que dejé el deporte cuando comencé a trabajar en un Cristo grande que está ubicado en una iglesia situada cerca de aquí, tallado en madera de teca.
La cacería es diferente al tiro como deporte. Para mí sólo se justifica si uno tiene necesidad de recurrir a ella para poder comer. Pero como deporte, no me gusta. Recuerdo que una vez unos buenos amigos me invitaron ai llamado tiro de pichón, y me pareció una cosa horrenda, ¡espantosa! Los pichones esperaban su turno para echarse a volar. Cuando lo hacían, los tiradores les disparaban y, si no les daban, los pichones regresaban, se volvían a poner en fila y nuevamente volaban para que les disparasen. Están adiestrados para esperar a que los maten… ¡para mí eso es patético!

Viernes, octubre 19th, 2012 | Author:

La rutina diaria de los artistas despierta el interés de mucha gente, y otro tanto ocurre con su personalidad. Hay quien dice que yo soy incansable, pero creo que eso es una exageración. Es cierto que me levanto temprano a eso de las siete y media de la mañana y, según Coleli, me acuesto demasiado tarde. Ella es de las personas que opinan que uno tiene que dormir cierto número de horas al día.
Después de levantarme, tomo el desayuno, principalmente a base de frutas. Me gustan mucho, sobre todo las frescas, el jugo natural, y aquí en Puerto Rico se consiguen frutas deliciosas. Después leo el periódico, o tal vez me visitan algunos amigos… mi casa siempre permanece abierta para mis amigos, ¡a cualquier hora!
Me gusta despertarme temprano, pero no comenzar a trabajar inmediatamente. Saltar de pronto de la inactividad al arte es muy difícil… sobre todo si se trata de pintura al óleo. Tiene que haber alguna transición. Generalmente, comienzo la actividad a eso de las ocho o las nueve de la mañana. Si estoy trabajando en alguna escultura, esa transición suele consistir en revisar las herramientas y el equipo. Todas mis herramientas me las he construido yo mismo con la madera que tallo. (Mi mazo favorito es de guayacán, por ejemplo.) Son las únicas que me duran, pues las que se venden en el mercado aveces se rompen al cabo de sólo una semana de trabajo.

Miércoles, octubre 17th, 2012 | Author:

En cuanto a los escultores o artistas que hayan podido influir en mí o estimularme para mi trabajo, tuve muy buenos maestros en los Estados Unidos, pero lo que es influencia la han tenido muchos, como Brancusi… y también Moore. En grabado hay contemporáneos que me gustan, pero me gustan más los clásicos… Martin Schongauer y Andrea Mantegna. En artes gráficas, para mí son lo mejor. Y en escultura, lo que más me emociona es el arte egipcio, pues es escultórico por naturaleza. Además, carece de sonidos… como ese mundo personal en que vivo. Los egipcios impregnaban de silencio sus obras de arte. Este carácter silente, sólo lo ha presentado el arte en los momentos más importantes de la historia, y se ve en la Mona Lisa, en La Dama de Elche y en la escultura maya.
En América Latina hay escultores notables: mexicanos, cubanos, colombianos… estoy convencido de que en el futuro la América Latina va a tener una gran importancia en cuestiones de arte. Las exposiciones llamadas bienales —auspiciadas por los gobiernos— son un factor importantísimo en el desarrollo artístico. Es impresionante ver la cantidad de artistas de primera calidad que se presentan en ellas. Hace unos años, el movimiento artístico en nuestros países era muy limitado. ¿Hoy…? No hay duda de que el progreso ha sido vertiginoso. A lograrlo, ha contribuido grandemente la Bienal de Sao Paulo. Yo he participado desde la Segunda Bienal de esa ciudad brasileña hace aproximadamente tres años, y también en la última que se celebró en Cali, Colombia. Esas dos son de las bienales más importantes. Pero fue preciso que me presentara a título personal… como vivo fuera de Cuba prácticamente desde que llegó al poder la revolución, no puedo representar a mi país. Sí tuve el gusto de representar a Puerto Rico en una exposición internacional realizada en Francia; pero normalmente lo que sucede es que López Dirube tiene que representar a López Dirube.
En las bienales se ven tendencias y movimientos sumamente edificantes… la obra presentada en ellas por los argentinos, por ejemplo, es impresionante, tanto por su calidad como por su cantidad. Por eso considero que a esas bienales se les debería dar más publicidad y divulgación por todos los medios… sirven para comunicar a los artistas entre sí y para ayudar a madurar la fe en nuestra América Latina como fuente de talento artístico. Cada país debería hacer algo bienal o, inclusive, anual.

Lunes, octubre 15th, 2012 | Author:

Yo vivo en un mundo sin sonidos. A los 7 años me quedé completamente sordo de los dos oídos. Me acosté una noche oyendo normalmente, y a la mañana siguiente me levanté como estoy ahora. Los médicos no tenían la menor idea de cuál era la causa y, por supuesto, menos aún de cómo se curaba. Así, pues, tuve que aprender a vivir con un sentido de menos.
Hay quienes piensan que la sordera es una ventaja para el artista, pues creen que facilita la concentración. ¡Qué equivocados están! Todo lo que limite las percepciones de un artista… su comunicación con el mundo exterior… cons-tituye una desventaja muy seria. Por lo demás, a mí de niño me gustaba mucho la música. Recuerdo que me extasiaba con la Novena Sinfonía de Beethoven. ¿Quién iba a decirme que yo iba a padecer del mismo mal que él? El caso es que, desde entonces, la vibración que se produce al afilar el lápiz… El crujir de la madera que tallo… La de la piedra que trabajo… ¡Esas vibraciones son mi música!
Tengo 50 años, nací en La Habana, Cuba, y estudié en el Colegio de La Salle desde el primer grado hasta que terminé el Bachillerato… unos doce años en total.
En pintura, mis primeros compradores fueron mis compañeros de la escuela primaria. Hacía dibujos en la clase, ellos me los compraban y, con lo que me daban compraba dulces en la calle. De modo que, desde muy niño, comencé a hacer lo que hacen todos los verdaderos artistas: ¡comer de su arte! Y esto no es una concepción prosaica o utilitaria del arte, sino una realidad. Porque, si el artista tiene que hacer otra cosa para comer, ¿a qué hora va a pintar o esculpir? Únicamente el que hereda una for(tuna puede dedicarle al arte el tiempo que éste requiere y no vivir de él.
Por mi parte, me interesa el dinero como a todo el mundo… pero no en exceso, debo aclarar. Cuando estoy haciendo una escultura, no tengo tiempo para pensar cuánto ganaré con ella. Estoy muy conforme con no ser millonario pero, eso sí, jamás me conformaría con ser mal escultor.
Aparte del arte, mis aficiones son el tiro de pistola y la lectura. Me gusta leer de todo, pero tengo especial predilección por Borges y por Vargas Llosa. Además, me gusta leer libros de Filosofía… ¡y de Matemáticas! La matemática abstracta me fascina, y este gusto por los cálculos me hizo equivocar la vocación en determinado momento de mi vida, pues comencé a estudiar Ingeniería y Arquitectura en la Universidad de La Habana. ¿Después…? La realidad se impuso y tuve que abandonar esos estudios. La Arquitectura no me era ingrata, pero no era lo que yo realmente quería. Descubrí que mi verdadera inclinación era el arte, y mis padres no se opusieron a esa vocación artística… aunque tampoco me estimularon en ella.

Sábado, octubre 13th, 2012 | Author:

La mayoría de los artistas que uno encuentra se yerguen en castillos… parecen rodearse de una muralla protectora, evitando tener contacto con los jóvenes… que en definitiva son los artistas del futuro… y transmitirles sus conocimientos. Este fenómeno, aparte de lamentable, es muy característico de esta época competitiva en que nos ha tocado vivir, porque Miguel Ángel, Leonardo y los demás grandes maestros, aprendieron en talleres donde los talentos de las generaciones anteriores enseñaban a la juventud.
A mí personalmente me complace mucho compartir mi técnica y alternar con los jóvenes que realmente están interesados en el arte. El éxito de un discípulo me colma de satisfacción, me complace más que cualquier obra que yo mismo pueda terminar. En arte, todo tiene que ser diálogo, comunicación… y esto quiere decir tanto dar como recibir. El artista, el buen artista, no debe temerle a la competencia… es preciso que dialogue, sobre todo con la gente joven. ¡Es su deber! Cuando los artistas se aislan en una torre de marfil, eso, en mi opinión, constituye un mal síntoma. Pero de cualquier forma, la mejor manera de aprender arte es ¡haciéndolo!
Muchos aseguran que, desde hace años, estamos pasando por un período de decadencia… decadencia en muchos sentidos. En cuanto al arte se refiere, no cabe duda de que existe cierta tendencia a aceptar ciertas cosas que carecen de valor. Un artista que toma una botella de Coca-Cola y la pega a un lienzo, por ejemplo, a veces llega a tener un éxito enorme. Creo que ello se debe a las transacciones, a las concesiones que hace la gente consigo misma… pero ni siquiera así estoy muy seguro de que ello sea una señal de decadencia ni mucho menos. Estamos en una época de transformación constante, y si alguien es decadente, yo creo que más que el artista de botellas de Coca-Cola, lo son los cientos o miles de tontos que acuden de todas partes a ver su obra y a calificarla de genial.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el artista es como el sacerdote en la liturgia… toma el’ pan y le dice: ya no eres pan, ahora eres el cuerpo de Cristo; y después toma el vino, y le dice: ya no eres vino, ahora eres la sangre de Cristo. Es decir, el artista es capaz de transformar meros objetos en obras de arte. Pero no es fácil, y hay que ser un verdadero genio del calibre de un Pablo Picasso para lograrlo. Estos fenómenos son característicos de nuestra época, pero yo no me atrevería a calificarlos de decadentes. Antes de criticar a una época y sus manifestaciones artísticas, mejor es analizar la oportunidad histórica en que surgen estas manifestaciones y ¡tratar de comprenderlas!
Un buen ejemplo de lo que pienso es el llamado arte moderno. El mismo comenzó a gestarse cuando los pintores se dieron cuenta de que el arte se había convertido en una expresión casi totalmente literaria. Un cuadro típico del siglo pasado: un pequeño perro que ladra sobre un montón de ropa. Podía ser una maravilla artística, pero el público no se fijaba tanto en el arte de la obra como en el tema y en la historia que relataba. ¡Pobre ani-malito, se ha quedado solo! Quien lo contemplaba se conmovía ante el pobre animalito; pero si uno le preguntaba de qué color era, no lo sabía, ¡ni siquiera sabía de qué color era el cielo en el cuadro!
Los artistas, lógicamente, se rebelaron contra esta falta de apreciación por parte del público, y empezaron a pintar, por ejemplo, a un campesino perdido en un paisaje. Después eliminaron al campesino… sólo quedaron la composición y el color. Así se liberó el arte de la literatura. Y, por literatura, entiendo en este caso la narración temática, la ilustración de un episodio capaz de despertar emociones de por sí, con independencia de los méritos artísticos de la obra.
Sin embargo, ahora existe una tendencia inexplicable a irse al otro extremo, y me refiero a esa modalidad del arte abstracto que no tiene un tema que salte a la vista sino, lo que es peor, una teoría que requiere que se estudie en un manual. ¡ Es terrible! Esos cuadros no son para contemplarlos, sino para estudiarlos.