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Domingo, diciembre 16th, 2012 | Author:

“Sábanas”. Eso quiere decir lencois en portugués: es como si alguien hubiera sacudido un gigantesco trapo y lo hubiese dejado caer al descuido en esc gran espacio entre el delta verde y el mar azul. No hay vueltas. No hay otra manera de verlo. Así que, a los miedosos…, coraje. Vale la pena.
Cuando aparecen las dunas, el piloto suele hacer un par de pinictas para aproximarse mejor. El estómago no lo agradece, pero la impresión no falla. La sucesión de ondulaciones blancas colmadas por lagunas se repite hasta caer en el mar. En un costado se divisa el ancho río Preguicas, al pie descansa Barreirinhas, y esa tirita gris llena de baches…. el aerop..uuuec… -ay mi panza- er…to. Llegamos. El pueblito sí que no tuvo grandes revoluciones, excepto la Pausada do Buriti que viene a ser el Rita:. Comimos patinhas de caranguejo y peixe frito y antes de la medianoche cumplimos con el ritual de mirar la novela en el televisor
de “la” heladería, todos sentados en la vereda, para gozar del fresco de la noche. Al día siguiente, partimos en lancha hacia Caburé, uno de los principales pueblitos , en la barra del río, junto con Mandacaru -conocido por su faro- y el pequeño Atins. Por estar del otro lado, es el único que todavía no tiene luz, ni perspectivas de que llegue. Caburé está fuera del Parque Nacional pero por su estratégica ubicación, es una base privilegiada para explorar los lencois, y uno de los que más ha crecido: ya hay casi diez posadas. En el Parque, hay un par de espejos de agua que nunca llegan a secarse -Azul y Esperanza- pero a esta altura espero que le haya quedado claro que no hay como deleitarse con la combinación de cada duna con su charco privado; elegir el que más le guste para nadar en esa agua dulce y cristalina. Es como tener mil playas. O sentirse beduino hasta que tenga calor y se canse de serlo.

Viernes, diciembre 14th, 2012 | Author:

Esta vez tampoco entendí cómo es que Sao Luís es una isla y Alcántara continente. La ilusión óptica es demasiado fuerte o Alcántara muy pequeña. Y tal vez por eso la sorpresa fije mayor. Porque no esperaba tantos cambios. Ya no hay gallinas ni bueyes sueltos en las calles, la iglesia del Carmo reluce su altar de oro reciclado, el Porto do Jacaré también fue completamente remozado, los frentes pintados, hay dos nuevas hosterías. Claro que difícilmente vuelva a ser la que fue, cuando en tiempos de la aristocracia rural dos de las familias más poderosas se disputaron la gracia de alojar al emperador Don Pedro II en una visita que el soberano, enterado del conflicto, nunca realizó. Los dejó plantados a ambos, como merecían según su imperial opinión. Hoy, los restos se conocen como ruinas del primero y del segundo palacio, y conservan sólo los marcos de las ventanas en piedra de lioz. Lo que Alcántara por suerte no ha perdido es su especialísimo “doce de especie”, masita hecha de coco, y que se ha constituido en el souvenir oficial de la falsa isla.

El otro clásico es el vaivén del barco que se sacude bonito en esa mezcla de mar y río con una amplitud de mareas tan grande que obliga en cuestión de minutos a que las embarcaciones, al zarpar, no amarren donde pensaban y tengan que cambiar el recorrido.
Hablando de movimientos, faltaba uno: el avioncito a los lencois, el plato fuerte del viaje. A mí no me hacía mucha gracia. La primera vez había ido en micro, cumpliendo la sacrificada versión del viaje mochilero, que lleva a Barreirinhas -“capital” de los lencois- en largas siete horas, más otras cuatro o cinco por el río Preguicas. Ahora, era otra cosa. En la época conecta y emulando a una Onassis del subdesarrollo, iba a animarme con el Cessna y la lancha a motor. Allá fuimos.

Miércoles, diciembre 12th, 2012 | Author:

La belleza de la capital maranhense salta a la vista, como crecen las plantas de los balcones herrumbrados, como los huecos cuadrados que dejan los azulejos al caer, como los colores pastel que el Projeto Reviver le está dando a los frentes del centro histórico. Y sin embargo su historia es mucho más antigua que esa homogénea colección de sobrados y solares (casas de más de dos plantas) que los portugueses construyeron al pie del río Añil.

Fundada por Daniel de La Touche en 1612, Sao Luís no tenía más que precarias construcciones cuando los franceses llegaron y la bautizaron en honor a su monarca Luis XIII. De las edificaciones portuguesas del siglo XVII, ninguna sobrevivió al tiempo, las lluvias y la humedad de la región. Tampoco quedan construcciones testigo de la ocupación holandesa, de 1641 a 1644.
Y en realidad, sólo la profunda depresión en la que quedó el Maranhao tras el fin de la esclavitud y el ocaso del algodón y el caucho, permitieron que el acervo arquitectónico de Sao Luís sobreviviera intacto a los embates del progreso. Fueron décadas enteras en las que el tiempo pareció suspenderse, o incluso retroceder los casilleros que avanzó en el siglo XIX.

El centro quedó absolutamente abandonado y la ciudad se desarrolló del otro lado del río. En esa orilla, alrededor de la laguna Jansen, aparecieron los edificios altos, los hoteles cinco estrellas y los restaurantes. En el casco histórico se guardó calladita la historia. Antes de que la Unesco pusiera sus ojos en esas doce hectáreas y más de 3.500 edificios azulejados, el barrio de Praia Grande -así se llama- era sinónimo de casas tomadas, enjambres de cables, el gran recinto del teatro Arthur Azevedo (1817) y otros ignorados museos. Hoy da gusto recorrer el Largo do Comercio, animadísimo por las noches, tomar una cerveza escuchando los
choros del Canto do Tónico, perderse entre becos -callejones- y rúas de nombres melancólicos hasta llegar a la Igreja do Desterro, donde acababa la civilización.
El beco de Catarina Mina, Largo dos Amores, Rúa da Estrela, do Sol, dos Afogados, son algunas de las esquinas mágicas que aparecen aún abandonadas para delicia de los transeúntes.

Lunes, marzo 26th, 2012 | Author:

Carnaval de Río de Janeiro.
Sin duda alguna, el carnaval de Río, en Brasil, es la fiesta más famosa del mundo. Aunque la ciudad baila al ritmo de samba unos cuantos días previos, para este año el festejo en sí será del sábado al martes. Durante estos días, nada tiene más importancia en la ciudad que la celebración. Todos los integrantes despliegan los trajes más insólitos y espectaculares que puedan concebirse. En cada uno de los cuatro días del carnaval llegan a participar entre 12 y 16 grupos de bailadores de samba en sus respectivos carros alegóricos, iniciando cada desfile a las 19:00 para terminar hasta muy entrada la madrugada del día siguiente.