Pitiusa: Un manto de vegetación mediterránea cubre toda Ibiza. El relieve suavemente montañoso y la humedad del mar hacen posible el verdor bajo un cielo casi siempre azul. Sin embargo, las aguas subterráneas, mermadas por la explotación turística, no bastan para mantener vivo el río Santa Eulária, hasta hace veinte años el único de Baleares; ahora sólo fluye cuando las lluvias otoñales inundan los torrentes. El pino de alepo cubre los montes, se asoma al mar y sombrea las casas. También abundan las sabinas, los arbustos como el lentisco y el romero y diversos frutales: naranjos, olivos, limoneros, higueras y palmeras.
A ras de suelo hay casi mil tipos de plantas silvestres (sorprenden las veinte especies distintas de orquídeas). En valles y jardines, buganvillas, adelfas, chumberas o cipreses se mezclan en armonía con las plantas tropicales. En este marco viven ani-males comunes como la gineta, el erizo, el conejo y numerosas lagartijas; y otros más raros, como el podenco ibicenco, el halcón de Eleonor o la gaviota Audouin. Avocetas, garzas y flamencos campan a sus anchas en Ses Salines, reserva natural amparada en una ley que protege el 40 por ciento de la isla.







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