Al sur de las Bahamas y al este de Cuba, su nombre alude a un cactus que prolifera en la zona (el turk) y sus numerosos cayos (caicos). Está compuesto por 40 islas y cayos, de las cuales sólo 8 permanecen sin habitar y cuenta con uno de los más grandes arrecifes de corales del mundo (310 km’). Por eso, es un pa-raiso para el buceo y, si no, para el snorkel (ver recuadro “Entre los peces”). Entonces, sólo basta calzarse patas de rana, antiparras, salvavidas (a gusto), y a bordo.
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Como llegar.
Por Delta Airlines, vía Atlanta, Estados Unidos. Por eso se requiero visa norteamericana para viajar. Las tarifas de los pasajes están entre los U$S 1.429 y U$S 3.651.
Alojamiento.
Precios por persona, una semana y corresponden al mes de enero.
En Bahamas: Sandals Royal Bahamian. Deluxe Room. U$S 1.855.
Turks & Caicos: Beaches, categoría Turquoise Deluxe Room, U$S 1.939. Menores hasta 15 años U$S 434.
A la playa se puede acceder por medio de unas canoas o a través de un camino que se adentra por la vegetación. Una vez en la arena, el espectáculo es maravilloso: la playa se presenta solitaria, infinita, envuelta por altos cocoteros, algunos caídos por los vientos que le dan un aspecto sumamente mágico. Para darse un gusto gastronómico se puede pasar por alguno de los siete restaurantes del Hotel West Inn, un edificio antiguo, de estilo inglés, frente al Lucayan Mar-kel (el lugar de compras) y a la playa. Tiene una magnífica “infi-nity pool” (pileta infinita), ubicada alta, encima de la orilla del mar. Sitio estratégico para hundirse en alguna reposera y contemplar el entorno. Alojarse en el West Inn puede salir desde U$S 140 hasta U$S 350 diarios, según la temporada.
Viajes a bahamas y serenidad.
Olvídese de calles abarrotadas y negocios. Turks & Caicos es el paraíso de la tranquilidad: tan sólo un par de pequeñas tiendas y algún que otro bar y/o restaurante son los únicos recuerdos de la civilización. Rodeada por eternas playas de arena blanca, flanqueadas por palmeras, y con el color turquesa del Caribe como espectacular telón de fondo, es un lugar ideal para descansar y disfrutar de un paisaje incomparable.
Triángulo de las bermudas.
Ahí, además de numerosas plantas medicinales y alucinó-genas, se encuentran las cavernas más extensas del mundo, que los indios usaban para llegar al mar cuando huían de los colonos. Debajo de las cuevas es posible encontrar desde colonias de murciélagos hasta exóticas orquídeas. Mapaches. serpientes (no venenosas) y aves componen la escasa fauna del lugar.
Puro verde.
Lugar encantado si los hay, Gran Bahama la isla que está más al norte del archipiélago- es un sitio inundado de verde. Forma con Bermudas y Fort Lauderdale el mítico Triángulo de las Bermudas.
Lejos de la arena, se suceden hileras infinitas de pino amarillo, que son unos árboles altísimos, muy curiosos. Adentrarse en el Parque Nacional Luca-yan es una experiencia que nadie debería perderse.
PARAÍSO DE MIELEROS.
En este lugar soñado el romanticismo está garantizado. Mieleros y parejas con ganas de reencuentro descubren su edén en estos paisajes. Pero también es un lugar muy buscado para quienes quieren casarse. Tanto en Bahamas como en Turks & Caicos son expertos en bodas. En las cadenas Sandals y Beaches con siete noches de alojamiento la ceremonia es gratis. Incluye foto, ramo de flores para la novia, música, juez de paz. torta caribeña, champagne y bocaditos, entre otros detalles. Otra opción: en el Hotel West Inn por U$S 3000 se hace una mini-ceremonia. El servicio incluye adornos florales, música, torta y alojamiento.
Para satisfacer deseos incluso a la hora en que las reglas indican tomar el té. Los más sofisticados pueden optar por comer en el bistró exclusivo sobre el muelle, al que sólo tienen acceso las habitaciones con mayordomo (sí, también es un servicio que se ofrece) -si no, el precio es de U$S 180 dólares por pareja es una experiencia romántica. Un plato exquisito es el “Sea Food Basket”, compuesto por ostión, almejas, langostinos y demás mariscos dentro de un coco.
Aquí, la alternativa para alojarse es el Sandals Royal Bahamian. Un resort con el sistema “all inclusive” preferido por las parejas, porque propone un entorno íntimo (ver recuadro “Paraíso de mieleros”). El complejo se asemeja a un pequeño pueblo, con un delicioso spa (el Red Lañe), dos grandes piletas en medio de un enorme parque y nueve restaurantes. Y hasta cuenta con isla privada frente a su playa.
Hay que hacerlo notar: el “all inclusive” permite comer y tomar sin que importe el momento. La cocina está en marcha continuamente.
Moverse aquí es muy fácil: existe un bus que lleva al centro por un dólar y tiene parada en todos los hoteles. Parte del itinerario obligado resulta su mercado (el Straw Market), donde se pueden comprar desde artesanales carteras de mimbre hasta imitaciones de lujosas Luis Vuitton, entre muchos sombreros de paja y caracoles rescatados del fondo del mar. Otra alternativa consiste en aprovechar que la zona es libre de impuestos y comprarse joyas, ropas y perfumes en un puñado de locales ubicados en el centro.










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