GENERALIFE. SILLA DEL MORO.
LOS ALIJARES Y DAR AL- ARÜSA
El Generalife, prototipo de carmen granadino, fue una de las más importantes fincas de recreo que, para su solaz y esparcimiento, tuvieron los monarcas nazaríes.
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De la Puerta de la Alhambra arrancaba la (¡alie Real, que hoy finaliza en el Convento de San Francisco, donde el Ministerio de Turismo ha instalado un Parador. Lo recoleto del lugar en que el antiguo convento está emplazado, la belleza del paisaje que ofrecen sus miradores, los restos de un palacio árabe que se conservan en su interior y el recuerdo de que en su cripta tuvieron primer enterramiento los Reyes Católicos, constituyen sugestivas atracciones.
Es lo más probable que la Puerta del Vino, en otros tiempos de la Alhambra, que todavía se conserva en pie luciendo rica ornamentación en ambas fachadas, fuese una de las entradas a la medina. Esta, situada en la Alhambra Alta o Secano, presentaba hasta hace poco, aspecto de erial. Las excavaciones que allí se vienen realizando, han puesto al descubierto numerosas ruinas de construcciones árabes y cristianas.
En sus inmediaciones, el solar que hoy ocupa la iglesia de Santa María, lo ocupó la gran mezquita de la Alhambra. Todo ello autoriza a sospechar que estos lugares, a los que debía dar acceso la calle que lo dio al Palacio de los Leones, constituyeron una prolongación de la Casa Real y fueron morada de cortesanos, príncipes y magnates de la dinastía.
Forma el patio, uno de los lugares más bellos y sugestivos de la Alhambra, un rectángulo inscrito en cuatro galerías porticadas que sostienen 124 esbeltas columnitas con capiteles cúbieos, arcos peraltados y enjutas de yesería en encaje. Avanzando sobre el patio, se destacan a E. y O. dos elegantísimos templetes, con arcos de calada labor, sostenidos también por columnitas y cubiertos interiormente con cúpulas de lazo semiesféricas. En el centro sobresale la célebre y discutida fuente, con su taza labrada en una sola pieza de blanco mármol y festoneada, como otras, por la inscripción de un poema de Ben Zamrak y que guardan celosamente los doce leones que la circundan.
EL EXCANTO DE LA ALHAMBRA
El arte nazarí, en su arquitectura civil, es frágil y delicado. Los maravillosos arcos que adornan los patios y salones de sus palacios y que, como un encaje, filtran la luz a través de sus enjutas, imprimiendo tibias tonalidades al ambiente, no sostienen nada. Sobre los capiteles de las columnas que, aparentemente, los soportan, se elevan pilarotcs hasta alcanzar la viga del dintel que cubre la arcada. Unos y otros, amorosamente envueltos por un manto de yesería. No es rico el material de la decoración: estuco, azulejo y lazo de madera. Sólo en columnas, capiteles y pavimentos se emplea el mármol u otra clase de piedra.
En esta nave, donde Felipe IV instaló una capilla para el servicio de su Corte, alternan restos de su primitiva ornamentación árabe, con la que añadieron los cristianos al adaptarla a sus necesidades. Una puertecita abierta posteriormente en el extremo N. de esta nave, da acceso a un pequeño oratorio, que antes debió tener distinta entrada y cuya decoración padeció importantes restauraciones. Por el muro oriental de la nave se pasa al patio del Cuarto Dorado que, tras un pórtico de mo-cárabes, tiene en su lado N. un aposento con techumbre de lazo. Al lado opuesto del patio, se levanta la monumental fachada del Palacio de Comares, interesantísima manifestación del arte nazarí, porque constituye ejemplar único, con sus dos puertas adinteladas, su bello decorado y su amplio alero de madera artísticamente labrada.







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