Cuentan que en sus primeros tiempos, Cozumel fue un centro clave de comercio y navegación, además de un lugar de peregrinación para mujeres de la nobleza maya. Acudían aquí en grandes canoas para venerar, en santuarios y altares esparcidos por la jungla, a Ixchel, la diosa de la fertilidad, de los partos y de la Luna. Aún hoy se pueden visitar en el interior de la isla las ruinas de los centros ceremoniales, aunque sólo quedan en pie plataformas, columnas y dinteles rotos. En su día fueron templos, observatorios y edificios decorados con frescos y bajorrelieves ue ocuparon los mayas desde el año 300 d. C. al 1500 d.C.
El nombre de Cozumel viene de la expresión maya “Ah Cuzamil Peten”, que quiere decir “el lugar de las golondrinas”, por la cantidad de aves que descansan en la isla durante su emigración. Hoy, en los amaneceres de Cozumel se ven bandadas de loros, guacamayos y garzas blancas de alargadas patas.
Hacía escasamente media hora que habíamos dejado tierra firme cuando apareció la silueta de la isla, antiguamente habitada por piratas y hoy por submarinistas y turistas de todo el mundo.
En 1518, el español Juan de Grijalva desembarcó en estas mismas aguas en busca de esclavos. Sus relatos sobre el oro y otros tesoros incitaron a otro famoso explorador, Hernán Cortés, a viajar a México para visitarla al año siguiente, poco después, instalar allí a dos misioneros para convertir a los indios. Los españoles nunca consiguieron colonizar Cozumel. pero las enfermedades que transmitieron acabaron diezmando a la población nativa y hacia el 1600 la abandonaron.
Cozumel, famosa por los grandes documentales televisivos del oceanógrafo francés Jacques Cousteau, quien descubrió aquí un negocio cinematográfico exquisito, es también una apacible isla de pescadores.
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La isla de las golondrinas.
Cada hora un ferry parte del muelle de Playa del Carmen rumbo a isla Cozumel. Son sólo 19 kilómetros que pasan volando sentado en la proa de esta rápida embarcación cargada de turistas de piel tostada, hippies, buceadores y nativos que aún conservan en sus rostros la herencia de sus antepasados mayas. La isla de Cozumel, con sus 40 km de largo y 17 de ancho, es la mayor de México y no ha perdido ni un ápice de su ambiente típico mexicano, ni de la hospitalidad de los 60.000 habitantes. Por lo general el turista se aloja en la población de San Miguel, pero el interior, apenas urbanizado y salvaje, está formado por vastas extensiones de playas rocosas, calas, palmerales, junglas de matorrales, lagunas y colinas bajas que merecen la pena descubrirse.
Pocas islas mexicanas ofrecen tantos y tan variados atractivos como Cozumel. Su mágico mundo submarino, por ejemplo, es una auténtica delicia para todos aquellos apasionados de este deporte.
Cozumel es el Caribe: playas doradas, mar de jade y un mundo mágico de corales, cuevas y peces multicolores que atraen cada año a miles de bucea-dores de todo el mundo.
Y hay más. Observar aves, ayudar a salvar tortugas marinas, las ruinas mayas ocultas en paisajes desiertos, artesanías de Yucatán, frutos del mar y alojarse en un magnífico hotel de lujo o en rústicas cabanas con hamacas. Pocas islas mexicanas ofrecen tantos atractivos en tan pocos metros cuadrados.
Cualquier imagen de Isla Mujeres que podamos ofrecer refleja la tranquilidad que lo inunda todo. Quizá es esta la razón por la que se sigue considerando este lugar un refugio casi virgen para los turistas.
El pueblo principal está situado al norte de la isla y por fortuna sus construcciones todavía respetan el entorno natural, con ausencia de grandes complejos hoteleros y con un tipo de vida distendido que transcurre alrededor de la plaza del Zócalo, situada junto a la iglesia.
En el pueblo se encuentran diversos comercios dedicados al turismo, así como algunos hoteles y restaurantes. Las calles son estrechas y están muy bien pavimentadas, pero permanecen casi todo el día prácticamente sin tránsito. Al lado mismo del pueblo se encuentran las playas llamadas Cocal, Norte y Cocoteros, las que. a pesar de su proximidad con el centro, están generalmente desiertas gracias a que se hallan fuera de los llamados “circuitos turísticos”.
Durante todo el día numerosos barcos procedentes de Cancún llegan intermitentemente a la isla. Pero es a medio día y a primeras horas de la tarde cuando las calles del pueblo son algo más transitadas: las personas se mueven perezosamente bajo un sol de plomo, buscando algún objeto típico para comprar; es la hora ideal para echarse a dormir la siesta. Sin embargo, a partir de las cuatro o cinco de la tarde, cuando el sol ya no cae con tanta fuerza sobre las cabezas de los turistas, el pueblo recupera su ritmo normal y es entonces cuando se llega a apreciar verdaderamente el ambiente isleño.
Este no es un rincón del mundo desconocido y alejado; al contrario, si uno desea “ambiente” no le faltará donde encontrarlo. Pero también podrá disfrutar del descanso cuando lo necesite o lo busque. Isla Mujeres ofrece la oportunidad de poder escoger. No es un lugar para amantes de la diversión nocturna, ni tampoco para solitarios. Es más bien un punto intermedio, capaz de contentar a cada cual según su medida.
Playas de ensueño y tiempo para todo
La zona más hermosa, al este de la isla, incluye las playas Garrafón, Indios. Lancheros y Pescador. En estos lugares se encuentra cierta infraestructura turística, lo que permite comer en pequeños bares situados junto a la playa. Cualquiera que sea el lugar escogido para zambullirse, el viajero podrá disfrutar plenamente de la calidez de las aguas y de los paisajes solitarios y paradisíacos. Playa Garrafón goza de merecida fama. Declarada Parque Nacional por el gobierno mexicano, el colorido de sus aguas es impresionante e invita a practicar buceo y submarinismo. Es uno ele los puntos más visitados de la isla, con el consiguiente movimiento de turistas procedentes de Cancún. Si se prefiere disfrutar de mayor soledad, bastará con pedalear un par de kilómetros más hasta llegar a alguna de las playas menos conocidas.
En su extremo sur, junto al faro, se encuentran las ruinas de un templo maya dedicado a Ixchel, la diosa de la fertilidad. Las ruinas quizá puedan defraudar a quien conozca las importantes ciudades arqueológicas desperdigadas a lo largo y ancho de México, en especial de la Península del Yucatán. Chichén Itzá o Uxmal tienen un esplendor que en absoluto se puede comparar con las piedras do Isla Mujeres. Pistas rumas permiten profundizar en el misterio de su nombre y confirman que antes de la llegada de los españoles era un centro de peregrinaje maya, con clara referencia al culto a la mujer.
En el interior se encuentra la laguna Makax y la Salina Grande. La primera está conectada al Caribe por un estrecho brazo de mar. protegida al este por una lengua de tierra denominada Parque de las Tortugas, un fondeadero utilizado por navegantes en su recorrido por el Caribe, y que, con seguridad, sirvió como puerto a los bucaneros de los siglos XVI a XVII. Su estrecha entrada permitía controlar con comodidad cualquier intento de agresión desde el exterior. En la actualidad la laguna Makax alberga en su lado más oriental las instalaciones del Club Náutico de Isla Mujeres.
Pero si no le apetece pedalear puede alquilar una motocicleta o un carrito de golf para desplazarse. La carretera principal, sin grandes desniveles, rodea toda la isla. Apenas en medio día se la puede recorrer en su totalidad y pararse en alguna de sus muchas playas para disfrutar de la nitidez de las aguas de Caribe.
Tres escenas pacificas e idílicas de la isla: una tienda de souvenirs repleta de vestidos y camisolas típicas, las calles apenas transitadas y el mar siempre constante y siempre presente a lo largo de la carretera principal.
Sin embargo, el resort también tiene en cuenta a los más activos con una lista gigante de deportes náuticos (además de buceo y snorkel. hay veleros, bicicletas de agua, kayaks). Ni los más hiperacti-vos son capaces de agotar las propuestas de actividades que ofrece el resort. que también cuenta con gimnasio, canchas de tenis, salas de juegos, entre muchas otras opciones. Pese a que el mar está a pasos, las piscinas convocan. Tientan con sus curvas, colchonetas flotantes, cascadas y lo más importante, bares “submarinos” que invitan a hacer un alto sin renunciar al agua.
Todo incluido.
El destino turístico por excelencia es Provindenciales (Provo) y es ahí donde está una de las alternativas más interesantes para alojarse. Se trata de Beaches, un complejo abrazado por un sinfín de verde y palmeras.
Por cada rincón se ven reposeras, hamacas y sombrillas. Todas llaman a recostarse y a gozar del “dolce far niente”.
Abaco y Andrés son dos delfines del caribe jóvenes que se dejan acariciar como si fueran cachorros de perro y hasta clan besos. Carla la dulce instructora, se encarga de darles órdenes. Con ella cerca, es posible interactuar con estos animales marinos amistosos aunque, ojo, dé grandes dimensiones. “Encuentros cercanos” se llama esta experiencia dentro de piletas de mar gigantes. Los más audaces pueden optar por nadar junto a los delfines. El precio de estas excursiones (que incluyen traslado en lancha) va desde los U$S 70 a los U$S 170.
Cuesta creer que aún haya lugares hermosos que permanecen vírgenes, pero todavía existen. Big Water Cay, es un ejemplo. Un desierto con aguas deliciosas y rocas donde retozar al sol. Hay que tener en cuenta que las salidas de medio día oscilan los U$S 70. El combo más completo está entre los U$S 150 y U$S 170. Y si la idea es salir a pescar especímenes de miedo la tarifa arranca en U$S 155 y trepa a U$S 250. Salir a caminar durante el atardecer es una excursión que no hay que evitar.
Una parada posible es en la Isla de las Iguanas. Estos bichos pululan por doquier y posan para los visitantes sin disimular su narcisismo y después se alejan con la displicencia de quien sabe que ha sobrevivido a la hecatombe de los grandes saurios. Un buen momento del trip surge cuando el capitán Pop (ése es su nombre) se sumerge para buscar unos tesoros marinos: los Sun Do-llar, una mezcla entre vegetal marino y caracol, que reparte cual sou-venirs. Lo que sigue es un paraíso increíble.










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