Alojamiento johannesburgo:
South African Airways Vuelos diarios desde Buenos Aires a Johanesburgo, vía San Pablo. Tarifa aproximada: U$S 1.000 + impuestos.
Hotel Cape Grace, en Ciudad del Cabo. The Leading Hotels of ¡he World.
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Johannesburgo turismo: Pasamos por las viejas casas donde vivieron Nelson Mándela y Desmond Tutu, recorrimos la iglesia Regina Mundi, que conserva impactos de bala como testimonio de los años represivos y el llamante museo de Soweto, en memoria del duro proceso político nacional.
Desmond quiere mostrarlo todo, contarlo todo. Y me contagia las ganas de seguir leyendo esa historia.
Mucha intensidad para tan pocos días, que evoco con la calidez del saludo propio de la Sudáfrica negra: más que dar la mano, abrazan la del huésped con las dos propias.
Esa tarde me despedí de los compañeros de aventura para pasar la última noche en Rock Lodge, uno de los alojamientos en sudafrica de lujo que posee la reserva, en el otro extremo del predio. Tiene sólo seis cuartos suspendidos sobre un acantilado. Cada uno tiene una terraza con piscina privada y vista a la selva. El relax interior incluye un baño enteramente vidriado, para reponerse al atardecer con un baño de inmersión a la luz de candelabros. Los pocos huéspedes y el anfitrión del lodge comparten la cena, antes de acompañar a cada cual a su cuarto. Dicen que no es raro que los leopardos anden por ahí. Yo no tuve el honor de un encuentro cercano. Tampoco con leones. Buena excusa para intentar volver.
El día siguiente combinará caminatas con salidas motorizadas. La caminata potenció su habitual carga de adrenalina: un búfalo resultó estar tan cerca que Sam nos hizo salir corriendo para camuflarnos en medio de los arbustos. Mi corazón latía a mil todavía cuando casi piso una víbora mediana y colorida. Al grito de “snake” paré la expedición y supimos que se trataba de una “puff addler”. Venenosa.
Safari web.
De regreso al vehículo salimos a buscar felinos. Era casi de noche cuando apareció un grupo de chitas. Seguimos su andar delicado muy de cerca. Hay alrededor de treinta en Phinda y se festeja la suerte de verlos.
Antes de volver al campamento, Sam apaga el motor y las luces. Es maravilloso escuchar ese silencio, apenas interrumpido por los animales.
A las diez y media de la noche ya cenamos y estoy sola en mi tienda. Es la última noche allí y la disfruto. Ya no le temo a esa soledad, ni al exterior salvaje, ni a la vida un-plugged. Ni siquiera me hace falta el farolito.
Safaris africa.
El auxiliar del ranger que maneja va sentado en un asiento sobre el capot del vehículo. Y ayuda a detectar animales. Cruzamos cebras, una con su pequeño bebé.
Después fuimos hasta el rio Mzi-nene para embarcarnos en un crucero que nos acercara a los cocodrilos y los hipopótamos. Hubo picnic a bordo, brindis y monitos saltando en las orillas.
Safaris en sudafrica:
Después de cuatro horas volvimos al campamento, donde nos esperaba un desayuno gourmet.. Hubo siesta antes del almuerzo y después salimos en el Land Rover, desde donde se puede lograr mayores acercamientos. Aprendí a distinguir antílopes: un nyala de un impala. Y que los rinocerontes blancos son mucho más grandes que los negros (2.300 kilos unos. 1200 kilos los otros) pero los más chicos son mucho más agresivos.
ROCK lodge. en phinda. Seis exclusivos cuartos sobre un acantilado. Detalle de la terraza que posee cada uno. Experiencia natural con estilo.
El clima confraternal con la fauna de sudafrica se cortó cuando el guía advirtió a una elefante hembra con tres crías muy cerca nuestro. “Go. go” . dijo serio y todos apuramos el paso. Ocurre que son las más celosas custodias de sus hijos y pueden atacar si se sienten amenazadas.
Fauna sudafrica:
Lo próximo que recuerdo es al ranger (asi llaman a los guardapar-qucs) diciendo: “toe, toe” -el despertador humano a falta de puertas y teléfonos- frente a mi carpa a las cinco de la mañana.
Cinco y media todos tomábamos café en el campamento central. Y a las seis iniciábamos el “walking safari”, la exploración a pie .
Es fundamental respetar las instrucciones: no hay que hablar, apenas dar un chasquido de dedos para llamar la atención del grupo y si el ranger levanta el brazo, quedarse quietos en el lugar. Sam, fusil al hombro, intenta que reconozcamos huellas de animales en el suelo. Son de la noche y están frescas. De oso hormiguero, de jirafa, de puercoespín. Vencí mis más elementales miedos a los insectos -cascarudos enormes, tábanos gigantes y ruidosos- porque no tenía a mano un marido al que pellizcarle el brazo. Vi termitas de más de un metro y hormigas de un porte que les hace honor, pájaros sorprendentes. Hasta que, de pronto, estábamos caminando en medio de jirafas tan curiosas por nosotros como el grupo por ellas.
La carpa es alta, de lona verde, y los mosquiteros son sus ventanales gigantes que permiten estar en contacto con el exterior. Hay una cama king. cómoda, sillones, y baño privado en un compartimento contiguo. No falta espacio para un coqueto tocador que alimenta el espíritu Hollywood. La ducha está separada por un gran cierre: lonas laterales y cielo abierto.
Pronto vienen a buscarme para la cena, que será al aire libre. Junto al fogón, en cómodos sillones, será el momento de una copa mientras Sam. nuestro guia, nos anticipa lo que haremos al día siguiente. El cordero con vegetales glaseados fue animando la charla. Cuando llegó el Ti-ramisú, los siete huéspedes (tres parejas y yo), ya éramos viejos conocidos. Nos acompañaron a cada una de las cuatro carpas y se hacían apuestas por la hora en que la solitaria argentina daría el primer alarido.











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