Las onduladas lomas que enlazan las últimas estribaciones de Sierra Alfaguara con la vega granadina, fueron en tiempos de musulmanes, apacible lugar de recreación, donde los magnates de la corte nazarí poseyeron cármenes, almunias y caserías a los que se trasladaban en el estío, en busca de aire puro, grata temperatura y tranquilo retiro. Conocido por el poético nombre de Ayn ai-Dama’ (Fuente de las Lágrimas), que aún se conserva en la versión castellana Amada-mar, lo celebraron encomiásticamente los escritores árabes; y los poetas cantaron la fertilidad de sus campos, el esplendor de sus jardines y la sabrosa dulzura de sus cristalinas aguas.
En una de estas lomas, lindando con el casco urbano de Granada, al comienzo del camino de Alfacar, construyeron un monasterio los cartujos, a fines del siglo xvi; y mucho más tarde, la Compañía de Jesús, un Colegio Máximo. Salvada la cerca que circunda los terrenos propios de la Cartuja, a través de interesante portada plateresca, se entra en el compás del monasterio, que por una escalinata da paso al Claustrillo, patio con galería en arcada de orden dórico, donde Sánchez Cotán y Vicente Carducho relatan con pinceles la azarosa vida de San Bruno y de sus companeros cartujos, en copiosa colección de lienzos que decoran los muros de la galería.
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En esta nave, donde Felipe IV instaló una capilla para el servicio de su Corte, alternan restos de su primitiva ornamentación árabe, con la que añadieron los cristianos al adaptarla a sus necesidades. Una puertecita abierta posteriormente en el extremo N. de esta nave, da acceso a un pequeño oratorio, que antes debió tener distinta entrada y cuya decoración padeció importantes restauraciones. Por el muro oriental de la nave se pasa al patio del Cuarto Dorado que, tras un pórtico de mo-cárabes, tiene en su lado N. un aposento con techumbre de lazo. Al lado opuesto del patio, se levanta la monumental fachada del Palacio de Comares, interesantísima manifestación del arte nazarí, porque constituye ejemplar único, con sus dos puertas adinteladas, su bello decorado y su amplio alero de madera artísticamente labrada.


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