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Sábado, noviembre 10th, 2012 | Author:

Por lo menos el 80 por ciento de la población es de raza tai, y el grupo minoritario más importante es el chino, cuyo papel en el comercio tailandés ha sido importantísimo desde hace siglos. Lo forman unos 3.000.000 de personas concentradas en los barrios chinos de Bangkok y en algunas otras ciudades. Hay unos 800.000 musulmanes de habla malaya y medio millón de birmanos y camboyanos. En las montañas del Norte viven algunas tribus que no reconocen más ley que la propia y que suman en total unos 286.000 individuos. Hay también unos 45.000 vietnamitas en el Nordeste, y el número de blancos occidentales llega a 60.000.
Más del 90 por ciento de los habitantes profesa el budismo hi-nayana, el cual determina no sólo la forma de vivir de sus habitantes, sino que constituye la influencia principal en todos los aspectos de la vida del país: el arte, la literatura, la educación, la política. Las demás religiones han sido siempre ampliamente toleradas, pero prácticamente no han podido encontrar prosélitos.
De los 44.035.129 habitantes, aproximadamente el 85 por ciento vive en zonas rurales, mientras que el resto se agrupa en Bangkok y en sus inmediaciones. A pesar de ser uno de los países asiáticos más abiertos a la industrialización, no padece el problema de la despoblación del campo. Aunque, desde luego, hay corrientes migratorias de las provincias hacia la capital, esta situación no es tan grave como en otras naciones en vías de desarrollo industrial, gracias a la gran importancia que se le ha dado a la tecnología agrícola y, por otra parte, a que en Tailandia los agricultores nunca han padecido del sentimiento de inferioridad que caracteriza al campesino en otras naciones y que le impulsa a tratar de cambiar el arado y el azadón por la máquina en la fábrica. Es probable que sea la importancia social que tiene el campesinado tailandés lo que ha impedido la formación de ciudades enormes. La única urbe grande del país es Bangkok. De las 71 capitales de provincias, apenas doce pasan de los 30.000 habitantes, y la mayoría de los municipios tailandeses son poblados pequeños que sirven como centros agrícolas, artesanales o mineros.
Aunque el ingreso per cápita del pueblo de Tailandia es de sólo 350 dólares anuales (estadística más reciente: 1975), supera al de los demás países del Asia Sudoriental y es, por lo demás, suficiente para que los analistas socioeconómicos puedan hablar del “bienestar económico general” que existe en el país. Esta aparente contradicción se comprenderá mejor si se tienen en cuenta las razones siguientes:
1 . El budismo, practicado en su forma primitiva (Therevada o Hi-nayana) elimina la necesidad de muchos bienes materiales que en otras sociedades se consideran indispensables para “sentirse bien”.
2 . Siendo el rey el jefe espiritual de los tailandeses (aunque en un sentido distinto que en las iglesias cristianas, pues en el Budismo no existe el clero a la usanza occidental), está obligado a hacer un ejemplo de su vida, y tiene que cuidar de que la riqueza se reparta de manera justa.
Esta última afirmación resultará difícil de creer para quien observe los tesoros de la familia real tailandesa, pero esta aparente incongruencia también tiene su explicación en el pensamiento budista de los tai, según el cual los palacios son tan sagrados como los templos, y merecen que se les embellezca con tesoros y obras de arte. Para muchos pueblos orientales, la belleza no es un don, sino una aspiración, un ideal, y una familia real que no se rodee de cosas bellas resultaría ofensiva para su pueblo. La realidad es que, en el fondo, los nobles tai son tan sencillos como sus subditos, conforme a la filosofía budista que aconseja las formas de vida más sencillas, a fin de dejar tiempo para la meditación y el recreo espiritual. Esto es así hasta el punto de que todo hombre tai, antes de casarse, debe llevar durante no menos de tres meses una vida monástica para conocer “el placer de la pobreza”; lo mismo deben hacer los futuros gobernantes, aunque durante un período aun más largo. En la historia tailandesa hao sido numerosos los reyes y príncipes que se han desprendido sin vacilaciones de sus más valiosos tesoros, así como los monarcas que no han querido siquiera imponer tributos a sus subditos, viviendo “ricamente” de las ofrendas que les hacía el pueblo.