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Domingo, septiembre 08th, 2013 | Author:

En Cheju abundan unas sonrientes estatuas de piedra, que sirven a la isla como símbolo, a la vez que proveen tangible y, en alguna forma, enigmática evidencia de otro período del pasado de Cheju. Mientras no se sabe con certeza quiénes fueron los escultores de estas tallas ni para qué sirven las mismas, algunos estudios indican que tienen entre quinientos y mil años de existencia, y parece ser que fueron situadas en distintos puntos de la ciudad con el fin de que sirvieran a ésta de guardianes.

Sin embargo, las versiones no siempre coinciden, pues también se nos dijo por algunos habitantes del lugar que las estatuas no son nada más que símbolos fálicos, erigidos a fin de asegurar la fertilidad y la abundancia. En la isla pueden encontrarse 45 do estas esculturas, admiradas por cientos de turistas, y que sirven como modelos para miniaturas que se venden en las tiendas de souvenirs.
Hoy en día, medio millón de personas viven en las planicies costeras y en las tierras bajas que rodean a Halla-san, la volcánica montaña que Hamel cita y que se eleva a 1 950 metros sobre el nivel del mar, formando un arco. Este volcán es el pico más alto no sólo de Cheju, sino de toda Corea.
Su origen volcánico y los matices a veces casi tropicales de sus mares han hecho que se compare a Cheju con el archipiélago hawaiano, pero hasta ahí llega la superficial semejanza. Aunque es cierto que los bellos paisajes abundan y las tierras son bastante adecuadas para las siembras de cítricos, el clima de Cheju mejor se describiría como una transición entre el tropical y el subtropical, muy parecido, tal vez, al clima costero de Viña del Mar en Chile.

Las playas de Cheju pueden ser tentadoras en verano, cuando el promedio de las temperaturas oscila entre los 22° y los 27° C, pero todo esto cambia cuando los fríos vientos baten la isla desde el otoño hasta mediados de la primavera. Durante el invierno, las temperaturas a lo largo de la costa caen entre los 7° y los 10° C como promedio, y frecuentemente se puede ver el Halla-san cubierto de nieve en sus últimos 1 000 metros.
Pero cada estación ofrece sus propias recompensas. En la primavera, el paisaje se cubre de flores. Los densos y brillantes amarillos florales contrastan con los rosados claros de los botones de los cerezos, creando bellísimas escenas junto a los rosados, púrpuras y rojos de las azaleas en los bosques de las laderas del Halla-san. En el otoño, esas mismas laderas se visten con los colores cambiantes de las hojas, dando lugar a un paisaje totalmente distinto, que se transforma más aun con el blanco de las nieves invernales.

Pero lo mejor de Cheju es el verano, con sus días soleados y los hermosos verdes de los campos y bosques, que atraen a un gran número de visitantes tanto coreanos como extranjeros, al punto de que ya están llegando al millón por año, número que sigue subiendo.
Antes de 1960, Cheju sólo era accesible por barco, y el turismo y la industria eran prácticamente desconocidos. De entonces para acá, ha habido un enorme cambio, directamente ligado a la emergente prosperidad no sólo de la isla, sino de toda Corea del Sur.