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Viernes, septiembre 06th, 2013 | Author:

La isla también proveyó la primera visión que se tuvo en el mundo occidental de Corea. Sucedió cuando, el 16 de agosto de 1653, el Capitán Hendrick Hamel y parte de su tripulación alcanzaron la costa oeste de la isla, después que su barco, el Sparrow Hawk, perteneciente a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, naufragara a causa de un tifón.

“Esta isla … es de 14 ó 15 leguas en el compás. En el lado norte se encuentra la bahía, donde varias barcas se desvían, antes de partir para el continente, por un peligroso acceso para aquellos que no lo conocen, pues tiene muchas rocas escondidas, y es el único lugar donde las naves pueden anclar para resguardarse en el viaje que las lleva a las costas del Japón”, escribió Hamel varios años después de su naufragio.
“La isla, rodeada de rocas, tiene abundancia de caballos y de ganado vacuno, que prestan gran servicio al reino, pero, a pesar de esto, los isleños son muy pobres y generalmente despreciados por los habitantes del continente. En la isla hay una montaña de gran altura y, además, muchas pequeñas elevaciones desnudas y valles en los que abunda el arroz…”, continuó relatando Hamel.

Si Cheju se hubiera convertido en parte integrante de Corea, le hubiera servido de proyección y frontera marítima. Sin embargo, por siglos sólo fue un lugar al que eran desterrados aquellos que tenían dificultades con las autoridades. Todavía hoy, gracias a detallados documentos genealógicos guardados por numerosas familias coreanas, se puede conocer la llegada de sus antecesores a la isla.
Sin embargo, junto a la evidencia histórica, también hay una leyenda que recoge la aparición en Cheju de los fundadores ancestrales de los clanes. Koh, Boo y Yang —se cuenta— fueron sacados de tres agujeros en un lugar actualmente venerado, llamado Samsong-hyol, en el centro de la ciudad de Cheju, capital de la isla.

La leyenda narra que estos tres personajes sobrevivieron gracias a la caza, hasta que tres princesas de un reino de la tierra firme llegaron a Cheju, cada una con cinco semillas de diferentes granos, lo que permitió dar inicio a las labores agrícolas y, por supuesto, a las familias insulares, nacidas de la unión de los tres míticos fundadores con las tres princesas. Con la reverencia natural del Oriente, ceremonias de recordación de estos hechos se celebran dos veces al año en Samsong-hyol.