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Lunes, noviembre 12th, 2012 | Author:

Aunque los tailandeses, por su facilidad para relacionarse con los extranjeros, son muy receptivos a la influencia de otras culturas, aquello que es esencial en sus costumbres y en su conducta se conserva con la misma fuerza que su espíritu nacionalista.
Muchas costumbres del pueblo tai llaman la atención de los occidentales. Por ejemplo, tanto en la capital como en las ciudades y aldeas de provincia, los monjes, al despuntar el alba, caminan por las calles provistos de un recipiente en el cual recogen los comestibles que les ofrecen los ciudadanos. Quien ofrece comida a un monje, gana méritos, pues le está facilitando su desarrollo espiritual. Según las enseñanzas budistas, la generosidad es una de las virtudes que acercan al creyente al día de su liberación.
Hombres y mujeres jamás se tocan en público. Por otra parte, y aunque las muchachas suelen ir acompañadas de personas mayores, siempre devuelven las sonrisas que les dirigen los desconocidos. Antes de comprometerse en matrimonio, la pareja consulta a un astrólogo. Si al terminar de estudiarse los horóscopos, se encuentra que sus caracteres no son compatibles, no se celebra el compromiso.
Los asientos traseros de todos los vehículos de servicio público están reservados para los monjes. Si por ignorancia una turista ocupa uno, el monje que suba al vehículo irá de pie todo el tiempo antes que sentarse junto a ella, pues ningún hombre puede siquiera rozar una mujer mientras es monje.
La cabeza es altamente reverenciada, por considerársela el asiento del alma, y no debe ser tocada excepto para lavarla. Si un extranjero acaricia la cabeza de un niño, el hecho es considerado un mal augurio y el niño debe ser purificado por medio de oraciones y diversos ritos.
Los tai siempre hablan en voz baja y la modulación tiene cinco tonos, según los cuales cambia él significado de cada palabra. Tener accesos de ira y hablar en voz muy alta son cosas que se consideran propias de los enfermos mentales.
Al morir una persona, su cuerpo recibe un baño antes de ser colocado en el catafalco, en el que permanece hasta cien días, procediéndose luego a cremarlo. Las mujeres de una familia nunca comen antes que los hombres.
Al abrazar la vida monástica, el hombre debe afeitarse la cabeza y las cejas. También las monjas deben rasurarse totalmente el cabello; pero sólo tienen que seguir ocho preceptos, mientras que los hombres han de observar ¡227! Las mujeres no pueden ser ordenadas.